La cabaña primitiva

La cabaña primitiva



El modelo de la cabaña primitiva alude al primer concepto de adentro y afuera que es el más sencillo. Analizando un poblado prerromano de Galicia, el castro de Cividade do Terroso, comprendemos mejor las dos acepciones del límite. Por una parte consideramos la unidad familiar, la vivienda, materializada en un círculo rodeado de un muro. En este caso la idea está muy clara. Existe un adentro que alude al hogar, a la familia, a lo íntimo, que queda separado del resto del mundo, del afuera, por un anillo que es el límite. La forma circular surge de forma natural al intentar agrupar los elementos alrededor del fuego que se encuentra en el centro lógicamente, dado que al ser la cubierta inclinada es el punto más favorecedor para la chimenea. El calor es otro de los generadores espaciales. El calor, el fuego, es desde tiempos remotos símbolo de supervivencia de la especie. Alrededor de él se genera la vida, ya que es fuente de energía principal para la humanidad. El fuego permite sobrevivir al frío, cocinar los alimentos y fabricar utensilios de metal, aparte ya de sus funciones meramente defensivas y destructivas. Y, sobre todo, el fuego es luz en la oscuridad. Marca un adentro en la inmensidad del afuera de las tinieblas. El umbral es el nuevo “entre” que se desdibuja de forma imperceptible desde su origen en el hogar hasta los confines de la cabaña. Las formas se desmaterializan en intensidades diferentes. De nuevo la luz.

Tenemos por tanto, en la cabaña primitiva, las dos dimensiones: una material que define el contorno generado a partir del concepto del “adentro” e ignorando el del “afuera”, dado que no existe mayor relación con él que la interrupción temporal del límite para generar la entrada. Y otra inmaterial, de la cual ya hemos hablado. La primera alude al concepto de límite como línea y la segunda se acerca más a la idea del comienzo de una presencia.

La unidad de la cabaña se encuentra inmersa en un conjunto mayor que es la lógica agrupación de varias viviendas. El hombre, inmerso en la violenta naturaleza, tiene que agruparse para protegerse. Genera un “adentro” mayor que el que constituye la unidad familiar por medio de la adición de varias de éstas y se cierra al afuera mediante un muro, con un concepto similar al de la cabaña pero a mayor escala. Se trata del poblado. Esta nueva gran unidad de unidades produce una doble acepción del “adentro” y el “afuera” que destruye la idea de la línea, ya que el conjunto formado es una suma de muchos conjuntos de líneas. El “entre” pasa a cobrar un protagonismo que no tenía con la cabaña, ya que el poblado entero actúa de límite entre la vivienda y la naturaleza. El límite se desdibuja, al aparecer con el poblado espacios nuevos generados por los intersticios entre las cabañas que son habitados por sus moradores en varios  grados. Aparece un nuevo concepto derivado del límite que es el de la privacidad. La unidad primigenia coloniza su entorno circundante, que ya es seguro al estar envuelto por un nuevo límite que es la muralla. Aparece el patio, como antesala de la cabaña. El patio es un nuevo elemento espacial de transición entre lo que se comienza a considerar como espacio público, embrión del espacio urbano, y lo privado.

Por de pronto, con la idea del poblado hemos transformado el límite del muro de la cabaña en un “entre” espacial configurado por un foso defensivo, una muralla, un conjunto de calles, una tapia, un patio, un muro y finalmente un hogar. La transición entre el adentro y el afuera se hace menos evidente pero más habitable. El “entre” se convierte en un espacio en sí mismo.

 

shadow