Luz y sombra

Luz y sombra



Podría decirse que la luz y la sombra es la segunda dimensión del adentro y el afuera. Un universo paralelo al puramente material y formal y por lo tanto construible por el hombre. Si bien esto no es posible con la energía luminosa, sí que es posible condicionarla a través de la primera dimensión de la materia. Como decía Le Corbusier en su conocida frase, “la arquitectura es un juego de volúmenes bajo la luz”. En esta definición están los dos “entres” que definen la arquitectura. El material, que trabaja los volúmenes y que define físicamente el límite de los espacios. Y el inmaterial, que somete al espacio ya delimitado a la emoción del afuera de la luz y por tanto a una nueva compartimentación espacial que no puede tratarse de una subdivisión ya que, como ya se ha dicho, se trata de dos dimensiones diferentes.



“No existe una arquitectura sin la luz”III (Jesús Aparicio, El muro). El mismo autor, en su obra sobre el Danteum, declara que “frente a la realidad inmutable de una construcción, la luz y gravedad dan el carácter de lo variable en el espacio”IV. Los dos límites, la materia y la luz, acaban definiendo el espacio. La luz en sí misma produce ambientes y por tanto es capaz de producir espacios con ayuda de la materia. El umbral es el nuevo “entre” que actúa como transición entre la oscuridad-la nada-y la luz-el todo-. A través de lucernarios, óculos y vanos la arquitectura de la materia ha permitido generar ámbitos de emoción diferenciados que pasan a ser espacios en sí mismos.

La luz, por sí sola, es capaz de generar su propio espacio a partir de la extracción de la oscuridad. Basta con poner de ejemplo las reuniones nocturnas alrededor de una hoguera en mitad, como suele decirse, de la nada. Sin luz no hay espacio.

 

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